Todos podemos ser asesinos: Daniel Giménez Cacho

Daniel Giménez Cacho lleva a escena la obra "Misericordia", protagonizada por ocho mujeres que caminan juntas en la Caravana por la Paz

Por la libertad de las ideas

En los últimos años, la prensa mexicana ha vivido momentos difíciles debido a la violencia y al crimen organizado. El PEN Internacional se solidariza con los periodistas y comienza actividades en nuestro país a favor de la libertad de expresión. Presentamos un recorrido por la historia de la organización y una entrevista con John Ralston Saul, su presidente.

Mi mamá es un zombi

Así despertó un día. Era un lunes como los he visto amanecer por montones, sólo que esa mañana en lugar de levantarme suave y cariñosamente, mi mamá intentó morderme los pies. Yo estaba dormido y primero creí que era una pesadilla. No reconocí que fuera ella. Sólo vi una horrenda cabeza con pelo negro que lanzaba mordiscos. La pateé con todas mis fuerzas y juro que escuché cómo tronaban algunas de sus vértebras.

Historias de zombis, la nueva moda literaria

Los zombis carecen del romanticismo y de la personalidad que poseen los vampiros, pero no por ello son menos seductores. Esos muertos vivientes que siempre en hordas van por la vida devorando cerebros, han cobrado una fuerza arrolladora y se han convertido en un fenómeno de la cultura contemporánea.

Charles Dickens y la invención de la realidad

El 7 de febrero celebramos 200 años del nacimiento de Charles Dickens, en cuyos relatos y novelas conviven el pensador social, el sabio humanista y el humorista vivaz. No sólo dio aliento a centenares de seres que personificaron unas vidas tan inverosímiles como extremas, sino que capturó el espíritu de un paisaje urbano —Londres y sus calles decrépitas— sin el cual no pueden concebirse la ruindad y la bondad humanas. "Laberinto" ofrece ocho acercamientos polifónicos a su obra y su legado. Por estas páginas caminan el niño empleado en una fábrica de betún, el editor y periodista (con un texto inédito en español), el padre de familia, el enamorado, el escritor incansable a quien debemos la apología de esa institución literaria ya tan en desuso: el final feliz.

jueves, 19 de julio de 2012

Hallan posible sepulcro de la "Mona Lisa"

Lisa Gherardini Del Giocondo falleci? en 1542 a los 63 a?os.
Labor. Lisa Gherardini Del Giocondo falleció en 1542 a los 63 años.. (Foto: EFE/Carlo Ferraro )


Fuente: El Universal

Arqueólogos de Florencia han encontrado en la iglesia de Santa Úrsula de esta ciudad italiana un altar bajo el que pueden estar losrestos de Lisa Gherardini (1479-1542), conocida como "Mona Lisa", buscados desde hace años por los investigadores italianos.

Durante unas excavaciones arqueológicas en la iglesia del edificio que albergó el convento de Santa Úrsula -donde la mujer inmortalizada por Leonardo Da Vinci habitó al final de su vida-, se desenterró la semana pasada el altar que se relaciona con la célebre modelo, informaron hoy fuentes de la Provincia (diputación provincial) de Florencia.

También se encontró en el templo un nuevo esqueleto, pero el hecho de que no se sepa aún si es mujer u hombre, de que no estuviera bajo el altar y de que se trate de una sepultura en tierra -las comunes entre las monjas franciscanas que habitaban el convento, y no entre las nobles, que tenían sepulcros más lujosos- hace mantener la cautela a los investigadores sobre su identidad.

Mientras el esqueleto es estudiado y se le practican pruebas con carbono 14 para datarlo con exactitud, las excavaciones continúan porque los arqueólogos reconocen la dificultad de encontrar los restos de la "Mona Lisa" en un templo donde hay sepulturas desde el siglo XIV hasta el XVI.

Para la arqueóloga Valeria D'Aquino, que forma parte del equipo que reveló el descubrimiento del altar -datado entre finales del siglo XV y el siglo XVI-, "seguramente este es el altar que estaba en funciones en los tiempos de Lisa Gherardini", que murió el 15 de julio de 1542 en esta ciudad toscana.

Según el presidente del Comité de Valorización de Bienes Históricos, Silvano Vicente, la "Mona Lisa" y la noble María del Riccio son las únicas mujeres ajenas al convento que fueron enterradas allí en esa época, por lo que deben estudiarse atentamente los restos que los arqueólogos encuentren en el lugar.

Las excavaciones de búsqueda de la "Mona Lisa" se enmarcan en las obras de restauración del antiguo convento para su reapertura que lleva a cabo la Provincia de Florencia por encargo de la Superintendencia de Bienes Arqueólogicos de la Toscana, según informa en su página web.

sc

Presentarán la tercera edición del Festival de Pantomima, Clown y Circo

Foto: Notimex
IMAGEN DEL SEGUNDO FESTIVAL DE PANTOMIMA, CLOWN Y CIRCO PRESENTADO EN EL FARO DE MILPA ALTA.





Fuente: Milenio

México  • Múltiples elencos dedicados al arte circenses y a la mímica participarán en la tercera edición del Festival de Pantomima, Clown y Circo, que se realizará todos los fines de semana del 4 al 25 de agosto en la delegación de Milpa Alta.

El objetivo del festival es acercar una variada oferta cultural a los niños, niñas y familias de los pueblos originarios, de ahí, que se desarrollará en las plazas públicas y en la Fábrica de Artes y Oficios (FARO) de la zona, informó el periódico Capital Cultural de Vanguardia, de la Secretaría de Cultura capitalina.

De acuerdo con la fuente, en las anteriores ediciones del festival se ha logrado activar la economía local, la vinculación interinstitucional y la socialización entre la comunidad, así como a recuperar los espacios públicos.

Los elencos participantes comparten con el faro Milpa Alta la convicción de garantizar el acceso a la cultura en las comunidades de esta demarcación, a fin de fortalecer, reconocer y consolidar los derechos culturales.

En los espectáculos se difundirán los elementos técnicos, conceptuales y artísticos de la gente dedicada al arte circense, quienes tratarán de dignificar esta actividad en cada presentación. El programa incluirá además una serie de talleres, a cargo de Malcom Méndez, miembro de la compañía Teatro Frederik.

Dicho festival es organizado por la Secretaría de Cultura capitalina, a través del Faro Milpa Alta, en colaboración con la Delegación Milpa Alta, la Dirección General de Desarrollo Infantil del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) con su programa “Alas y raíces”, la Alianza Francesa en México, el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Museo Soumaya.

“Luces, cámara, acción”, lanzan libro de ocho décadas de cinefotografía mexicana



Foto: Tomada de imcine.gob.mx




Fuente: Milenio

México  • Cientos de imágenes, algunas de ellas inéditas, captadas por los más destacados fotógrafos del cine nacional, así como una veintena de entrevistas, anécdotas e historias, fueron reunidas por Hugo Lara y Elisa Lozano en “Luces, cámara, acción: Cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011”, libro que se presentó en el Cine Tonalá, de esta capital.

En la presentación del ejemplar, que se llevó acabo este martes, acompañaron a los autores, los fotógrafos mexicanos Toni Kuhn y Sergei Saldivar; el investigador Rafael Aviña, el crítico de cine José Luis Ortega, y Abel Ortega, como presentador, en una velada que reunió a un nutrido público interesado en conocer el libro.

El primero en tomar la palabra fue Toni Kuhn, célebre fotógrafo suizo que ha vivido y trabajado en México la mayor parte de su vida. “Nunca hemos sido el centro de atención porque nos dedicamos a hacer imágenes al servicio de otras personas, no somos autores, sólo enmarcamos las cosas brindándoles una estética”.

Por lo anterior, dijo, es muy interesante que en este libro esté dedicado a los fotógrafos de cine, “es bueno reflexionar sobre el quehacer de un cinefotógrafo, y pensando en ello recordé que cuando yo era niño viajaba mucho con mi familia en tren, y pasaba horas viendo la ventana, ese marco fue mi primera referencia de capturar la imagen en un cuadro, quizá de ahí surgió mi interés de dedicarme a esto, no lo sé”.

Al tomar la palabra, Sergei Saldivar compartió con el público una anécdota relacionada con el proceso de retención de plata en los negativos, “experimentando se pueden descubrir muchas cosas, aunque eso implica correr riesgos y jugársela”.

Apuntó que cuando alguien lee un libro de cine puede descubrir cosas muy interesantes, “pero no hay nada mejor que leer las historias de propia voz de sus protagonistas, por eso las entrevistas incluidas en este libro le brinda la posibilidad al lector de enterarse de cómo sucedieron las cosas de primera mano”.

Y es que “Luces, cámara, acción: Cinefotógrafos del cine mexicano 1931-2011” reúne en sus páginas, además de fascinantes imágenes, entrevistas, análisis y críticas que ofrecen un panorama global de lo que ha sucedido en la cinefotografía nacional en los últimos 80 años.

Al respecto, el crítico de cine, José Luis Ortega, destacó que se trata de un ejemplar “muy bien estructurado, que lleva detrás un arduo trabajo de investigación, es un libro fundamental para entender el cine mexicano desde una perspectiva estética, un trabajo inédito porque es la primera vez que se recopila este periodo de tiempo”.

Por su parte, Elisa Lozano, quien es historiadora del arte y colaboradora en diversas revistas de fotografía, apuntó que este libro es un primer esfuerzo que traza líneas para futuras investigaciones, “cada uno de los fotógrafos mexicanos debería tener su propio libro”.

Explicó que un aspecto fundamental de esta investigación es que desde un principio tenían claro que debían ser los propios artistas de la lente quienes hablaran de su profesión, a través de entrevistas, y a los ya fallecidos les darían voz con biografías, testimonios y documentales.

“La presentación de este volumen es motivo de alegría y gran satisfacción porque aporta con un granito de arena a la recopilación de la cinefotografía mexicana, una historia apenas en construcción”, concluyó Lozano.

Finalmente, Hugo Lara explicó que para realizar este libro recurrieron a los archivos fotográficos del Imcine, la Cineteca Nacional, la Filmoteca de la UNAM, Cinemas Lumiere y a colecciones del productor Roberto Fiesco y los fotógrafos Eniac Martínez, Federico García y Alberto Vázquez, “hay imágenes inéditas de películas como ´Mecánica nacional´ y ´Amores perros´”.

Asimismo, destacó una entrevista a Gabriel Figueroa, realizada por Nelson Carro; un texto escrito por Henner Hofmann, actual director del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y uno más de Jean Pierre García, director del Festival du Film d’Amiens.

Rafael Corkidi, Rubén Gámez, Arturo de la Rosa, Ángel Goded, Jorge Stahl, Alex Phillips, Rosalío Solano, Rodrigo Prieto, Gabriel Beristain, Emmanuel Lubezki, Guillermo Navarro, Celiana Cárdenas, María Secco, Gabriel Figueroa, son solo algunos de los cinefotógrafos, cuyas imágenes e historias han sido incluidas en este ejemplar.

martes, 17 de julio de 2012

Madrid acoge la retrospectiva más vasta de Edward Hopper en Europa


Foto
Autorretrato, 1925-1930, y Hotel junto al ferrocarril, 1952, óleos sobre lienzo de Edward Hopper, pertenecientes a los museos de Arte de Whitney, Nueva York, y Thyssen-Bornemisza, de Madrid, respectivamente, que forman parte de la exposición del artista estadunidense en el recinto de la capital españolaFoto cortesía del Museo Thyssen-Bornemisza
Foto
Habitación de hotel, 1931, cuadro de Edward Hopper (1882-1967) incluido en la retrospectiva del pintor estadunidense que se presenta en MadridFoto cortesía del Museo Thyssen-Bornemisza


Armando G. Tejeda
Fuente: La Jornada


Madrid, 16 de julio. Edward Hopper (1882-1967), el artista de la luz atemporal y de los cuadros que encierran un refugio de deseo y soledad, creía que el gran arte es la manifestación externa de la vida interior del artista.

Sus creaciones, catalogadas primero como realistas, después como emblemas del impresionismo y el paisajismo americanos, se han ido quedado en la retina de los espectadores como misterios sin resolver donde se va lastrando poco a poco la soledad.

El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid expone la retrospectiva más amplia y trabajada de Hopper en Europa, en la que están todos sus cuadros más conocidos e importantes, y en la que también se recupera la figura de un creador melancólico que siempre rehuyó del academicismo, del arte fruto únicamente del intelecto –fue muy crítico del arte abstracto– y que durante su vida vivió de las ilustraciones que hacía para publicaciones de prensa ante el sistemático rechazo de su obra por la crítica y el mercado.

Hopper nació en Nyack, Estados Unidos, en 1882 y murió en 1967. Vivió la mayor parte de su vida en Nueva York, ciudad que se convirtió a la postre en un personaje más de sus enigmáticos cuadros, definidos en ocasiones como misterios que no pueden revelarnos y que sólo podemos intentar adivinar.

También se ha señalado como el artista de la soledad, el autor de cuadros que han reflejado como pocos la zozobra y la melancolía de la vida urbana, la sombría mirada de la privacidad de una sociedad atribulada por la rapidez de su transformación permanente.

Préstamos del MoMA

El museo madrileño reúne 73 obras de distintas colecciones –el propio Thyssen-Bornemisza posee gran cantidad de cuadros del artista–, en las que se hace un recorrido exhaustivo por las tendencias que Edward Hopper practicó desde su joven incursión en el arte, de sus viajes a Europa y de la enorme influencia que tuvo en su método y lenguaje la escuela francesa de principios del siglo XX.

Para lograr reunir obras tan selectas y notables, el Thyssen-Bornemisza consiguió algunos préstamos de los museos de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York y del de Bellas Artes de Boston, así como de la colección privada de la esposa del pintor, Josephine.

El artista retrata Estados Uni-dos y sus escenas cotidianas, pero sin idealizarlas, mostrando la modernidad de sus hoteles, sus estaciones, sus bares y sus habitantes, aislados entre sí. No es un pintor narrativo como los demás, porque sus cuadros tienen una inquietante capacidad de evocación: parece que algo va a ocurrir, pero nada pasa.

El artista, en uno de sus diarios y escritos sobre su propia actividad, explicó: Para mí, la forma, el color y el diseño son simplemente un medio para llegar a un fin; las herramientas con las que trabajo, y no me interesan particularmente en sí mismas. Me interesa sobre todo el amplio campo de experiencias y sensaciones del que no se ocupa ni la literatura ni el arte puramente plástico. Deberíamos ser cautelosos y llamarlo la experiencia humana, para evitar que se confunda con lo puramente anecdótico y superficial. La pintura que trata exclusivamente con las armonías o disonancias de la imagen y el color me provoca siempre un rechazo.

De Madrid a París

Edward Hopper, creador que pintaba muy lentamente, dejando que el cuadro madurara, reflexionó sobre su condición de artista: “Mi propósito cuando pinto es siempre, sirviéndome de la naturaleza como medio, intentar proyectar sobre el lienzo mi reacción más íntima frente al objeto tal como se aparece cuando más me gusta; cuando los hechos alcanzan la unidad por medio de mi interés y mis prejuicios. Por qué elijo determinados temas y no otros es algo que no sé, a menos que sea porque los percibo como el mejor medio para sintetizar mi experiencia interior (...)

El gran arte es la manifestación externa de la vida interior del artista, y esta vida interior es lo que determinará su visión particular del mundo. Por más capacidad de invención que se tenga, ésta no podrá remplazar nunca el elemento esencial de la imaginación. Una de las flaquezas de gran parte del arte abstracto es el intento de sustituir una prístina concepción imaginativa por las invenciones del intelecto.

Una de las personas que mejor han entendido la obra de Hopper es el poeta estadunidense Mark Strand, quien dedicó largas horas a estudiar y escribir sobre los cuadros y las metáforas pictóricas del artista. Los cuadros de Hopper no son documentos sociales, y tampoco alegorías de la infelicidad o de otros estados de ánimo que podrían ser atribuidos con similar imprecisión al perfil sicológico de los estadunidenses. Lo que sostengo es que los cuadros de Hopper trascienden el mero parecido con la realidad de una época y transportan al espectador a un espacio virtual en el que la influencia de los sentimientos y la disposición de entregarse a ellos predominan, escribió Strand.

El poeta y profesor de la Universidad Columbia también explicó: Los cuadros de Hopper son breves y aislados momentos de figuración que sugieren el tono de lo que habrá de seguir, al tiempo que llevan adelante el tono de lo que los ha precedido. El tono, pero no el contenido. La implicación, pero no la evidencia. Son profundamente sugerentes. Cuanto más impostados y teatrales resultan, más nos mueven a preguntar qué sucederá después; cuanto más parecidos a la vida, más nos impulsan a construir el relato de lo que ha acontecido antes. Nos atrapan justo cuando la idea de tránsito no puede estar lejos de nuestras mentes: al fin y al cabo estamos acercándonos al lienzo, o alejándonos de él.

La mirada de Strand también percibió que en muchos cuadros de Hopper hay una espera aconteciendo. La gente que Hopper pinta parece no tener nada que hacer. Son como personajes que se hubiesen quedado sin un papel que desempeñar y ahora, atrapados en el espacio de su espera, deben hacerse compañía, sin lugar adónde ir, sin futuro (...) En los cuadros de Hopper asistimos a las escenas más familiares con la sensación de que para nosotros son esencialmente remotas, incluso desconocidas. Las personas miran al vacío: parecen estar en cualquier parte menos donde efectivamente se encuentran, perdidos en un misterio que los cuadros no pueden revelarnos y que sólo podemos intentar adivinar. Es como si fuésemos testigos de un acontecimiento que somos incapaces de nombrar.

La exposición de Edward Hopper, en el Museo Thyssen-Bornemisza, terminará el próximo 16 de septiembre y después se montará a París.

Historias de zombis, la nueva moda literaria

Ahora est?n en pel?culas, series de televisi?n, videojuegos, novelas gr?ficas y libros son muertos v
LOS ZOMBIS. Ahora están en películas, series de televisión, videojuegos, novelas gráficas y libros son muertos vivientes, personas semideshechas que no están del todo vivas pero tampoco del todo muertas, seres impulsados por el instinto de devorar la carne y el cerebro de los vivos de su comunidad.(Foto: CORTESÍA )


Yanet Aguilar Sosa
Fuente: El Universal


Los zombis carecen del romanticismo y de la personalidad que poseen los vampiros, pero no por ello son menos seductores. Esos muertos vivientes que siempre en hordas van por la vida devorando cerebros, han cobrado una fuerza arrolladora y se han convertido en un fenómeno de la cultura contemporánea.

Los muertos resucitados de hoy nada tienen que ver con los primeros zombis-esclavos que tienen su origen en Haití, producto del vudú; los que ahora están en películas, series de televisión, videojuegos, novelas gráficas y libros son muertos vivientes, personas semideshechas que no están del todo vivas pero tampoco del todo muertas, seres impulsados por el instinto de devorar la carne y el cerebro de los vivos de su comunidad y así transmitirles el virus y convertirlos en zombis.

Antes de la narrativa y la novela gráfica, de los videojuegos con vengadoras y vengadores que se enfrentan a una masa de no muertos que atacan a los vivos, de las marchas zombis que desde 2001 han congregado a miles de personas que se disfrazan y maquillan como cadáveres vivientes en ciudades de Estados Unidos, España, Canadá, Australia y México, antes de todo eso estuvo el cine. El padre de ese género es sin duda George A. Romero, con cintas como La noche de los muertos vivientes y El amanecer de los muertos.

Esos seres han protagonizado más de 400 películas, según registró Luciano Saracino en su libro Zombis! Una enciclopedia del cine de muertos vivos, publicado en 2009. Desde hace varios años están en los videojuegos - el más emblemático es Resident Evil-y en las series de televisión entre las que destaca la exitosa The walking dead, de Robert Kirkman, y hace algunos años se extendieron a la literatura con paso fuerte y seguro.

Ahora, en el mercado de Estados Unidos, España y México, hay decenas de novelas protagonizadas por zombis, sagas, cómics de Marvel, novelas gráficas, e incluso clásicos de la literatura universal en versión Z; es decir, zombi.

A títulos de la literatura contemporánea como Zombi. Guía de supervivencia y Guerra mundial Z: Una historia oral de la guerra zombi de Max Brooks, hijo del cineasta Mel Brooks; y Apocalipsis, de Manuel Loureiro, y Los caminantes de Carlos Sisí -ambos títulos de autores españoles-, se han sumado versiones de clásicos: El Quijote Z, Orgullo y prejuicio y zombis, La casa de Bernarda Alba Zombi, Ana Karenina Z y Lazarillo Z, entre otros.



Fascinación por los devoradores

A pesar de ser masa, de que ninguno tiene identidad ni personalidad ni mucho menos son románticos; a pesar de que son apocalípticos, no muertos, devoradores y gregarios, los zombis han despertado fascinación entre los espectadores y lectores; incluso hay admiradores que se conciben como freaks de los zombis a mucha honra.

Esos personajes han subyugado a los escritores norteamericanos desde hace algunos años y en los últimos dos a autores españoles; sean traducidos, importados o reeditados, esos libros están en mesas de novedades de México, donde se pone punto final a la primera novela zombi. Todos son parte de una ola narrativa que tiene un trasfondo social muy fuerte y un reflejo de la sociedad contemporánea.

Vicente García, editor de Dolmen, casa editorial de España que ha publicado cerca de 40 novelas de zombis, considera que la fascinación radica en que estos seres representan a un enemigo feroz e invencible al que no se puede derrotar y con el que simplemente hay que coexistir.

"Se trata de un depredador que no se cansa, que no necesita dormir ni comer ni descansar; un ser sin escrúpulos que no piensa... Imagino que en el fondo representa lo peor de nosotros, prefiero imaginar eso a pensar que se trata de nosotros mismos, porque algunos defectos como el no tener conciencia, el ser gregario y el no pensar es algo común tanto en los vivos como en los no muertos", señala García.

El editor y también autor de la novela Apocalipsis Island sentencia: "no deja de ser una forma de ver algunos aspectos de nuestra sociedad sin verlos; por un lado cómo podemos llegar a ser viéndonos a través de los zombis, y por el otro en qué nos transformamos en momentos de necesidad extrema como sería el caso de un ‘fin del mundo'".

En México, esas novelas ocupan un lugar importante en las librerías, tan sólo Dolmen a través de Océano ha puesto en circulación Carne muerta, de David Mateo; Tom Z Stone, de J. E. Álamo; Los caminantes. Necrópolis, de Carlos Sisi; Antirresurrección, de Juan Ramón Biedma; y Cuando Susanah llora, de J. J. Castillo. Se suman dos nuevos libros con el sello Planeta: la segunda parte de la serie The Walking dead chronicle, de Robert Kirkman, y Zombi Island, de David Wellington. Y Alfaguara, con la novela de José Luis Trueba que saldrá en septiembre firmado con las iniciales J. L. T. L.

Trueba Lara, narrador y freak de los zombis desde hace más de 40 años, cuando vio La noche de los muertos vivientes, dice que la verdadera fascinación por los zombis radica en que son una masa: "En los zombis todas las cualidades individuales se pierden y se convierten en una masa amorfa que va caminando y devorándolo todo. Poco importa cuál es la causa, si es lo que ocurre en Resident Evil o lo que pasa en La noche de los muertos vivientes o si es un virus; la causa es lo de menos, incluso en algunos casos ni siquiera la sabemos, como en The walking dead".

Trueba Lara, quien publicará la primera novela mexicana zombi que, a diferencia de la mayoría de novelas tendrá como protagonista a una mujer, asegura que el asunto central es que "los zombis se vuelven masa y empiezan a devorar. Esa es una maravilla, porque es la posición más cómoda y más gregaria".

Esa fascinación por las historias de zombis no es nueva, Vicente García relata que en el mercado anglosajón el furor comenzó con World War Z, de Max Brooks, que despertó a todos los amantes del género.

Dice que en lengua hispana todo comenzó con Apocalipsis Z, con la trilogía de Los Caminantes y la tetralogía de Apocalipsis Island. "Eso significó el despertar de un público latente que estaba ahí desde hace tiempo esperando encontrarse con libros de zombis".

Y ha sido tal el furor que tan sólo en Dolmen han publicado cerca de 40 títulos que incluye seis antologías de relatos cortos y varias sagas principalmente de autores españoles, aunque también hay algunas traducciones como Brian Keene con El Alzamineto, Gareth Wood con El despertar de los muertos o Wayne Simmons con Pandemia.

Para José Luis Trueba Lara el zombi no es un personaje fantástico "porque es tan despersonalizado y a la hora de narrarlos siempre dan lata porque qué personalidad le puedes dar, en realidad el zombi es un personaje muy cuadrado que sólo te corretea, que tiene pocas capacidades de sentir y vivir, es un personaje absolutamente desdibujado, plano y unidimensional; pero eso es lo que lo hace interesante, la fascinación por algo sin personalidad, con la cosa apocalíptica claro".

El zombi tampoco es un personaje que sólo interese a los lectores jóvenes. "Por suerte se está convirtiendo en un género por sí solo, que puede abarcar dentro de sí al resto: humor, histórico, novela negra... y, cómo no, terror. Y lo mejor es que parece no ceñirse únicamente a los lectores más jóvenes, sino alcanzar a la gente de cuarenta", dice García.

Tatiana Nogueira, directora de mercadotecnia y comunicación de Grupo Planeta, asegura que el zombi les ha permitido a los escritores incluirlo en historias ya conocidas pero sobre todo en nuevas historias pues les da libertad: "Podría ser un ser más de la literatura fantástica pero no es un ser que haya nacido en la literatura como Drácula o Frankenstein, sino que nace a partir de la pregunta de qué pasaría si los muertos resucitan; los zombis son personajes que se han integrado a la novela negra y a los comics; Marvel tiene varias series, incluso en México no podemos olvidar que Jis y Tryno crearon los zombis de Sahuayo", señala Nogueira.

Aranzazu Núñez, editora de Alfaguara Infantil y Juvenil, dice que los zombis son un fenómeno retro, son personajes con cabezas huecas y con ansías de devorar carne humana para sostenerse en vida. "A nivel literario, en México es un fenómeno reciente, a diferencia de España y Estados Unidos, donde el zombi aparece con mucha más fuerza en los 90. Creo que es un fenómeno bastante anglosajón, pero ciertas características lo hacen atractivo para nuestra cultura, como nuestro interés por lo sobrenatural".

La imaginación, arma contra el conformismo

NUEVA AVENTURA LITERARIA. Su libro “El último explorador” es publicado por el Fondo de Cultura Económica.(Foto: REBECA ARGUMEDO EL UNIVERSAL )


Entrevista con Alberto Chimal
Yanet Aguilar Sosa

Fuente: El Universal

Por primera vez en su camino literario, Alberto Chimal ha creado un personaje que tendrá una larga vida; un ser errante, un explorador, un viajero que se sorprende con los misterios de la existencia, un hombre que nació tarde, en el siglo XX y que explora el siglo XXI; un asombrado de la vida que debió vivir en el siglo XVI, cuando Fernando de Magallanes descubría el mundo, o en el siglo XVIII, cuando el Capitán James Cook exploraba los mares.

Se trata de Horacio Kustos, su aventurero empedernido; un hombre que goza con lo que ya no gozan los seres humanos: observar el mundo y asombrarse y luego, al final de cada jornada, hace un ejercicio de imaginación. Un viajero que lo mismo recorre el desierto peruano, que recrea la recepción de un totel submarino, que visita Tepito, donde encuentra a la diosa de las copias piratas o conoce la ciudad de T, que imaginó Jorge Luis Borges.

Ese personaje que Alberto Chimal comenzó a delinear en 2000 y que ha protagonizado muchas otras historias que no están contenidas en su nueva novela, El último explorador, publicada por el Fondo de Cultura Económica, promete vivir muchas historias más, pues su paso por el mundo es una suerte de bitácora de personajes, lugares y misterios. Incluso ya tiene una cuenta de Twitter: @hkustos y un cuaderno de escritura en kustos.tumblr.com. Justo de él habla Alberto Chimal.

¿Quien es Horacio Kustos?

Todos los días son los mismos para Horacio Kustos porque todos los días son distintos, todos los días está en otro lugar haciendo otra cosa, es un nómada, es un tipo errante que está siempre en marcha, siempre en movimiento, haciendo cosas distintas incluso cuando no quiere hacerlo.

Hay una historia en la que se adentra en Tepito y ahí entre violencia y escopetas, se encuentra con la diosa de las copias piratas que tiene el aspecto de una vendedora de copias pero que de hecho es una copia de una vendedora de copias del puesto de al lado. Todo en ello es copia.
¿Si Kustos hubiera nacido en los tiempos de Magallanes hubiera competido con él?

Sí, hubiera sido otro Magallanes, hubiera cruzado el mundo de norte a sur, no de este a oeste, habría sido el Capitán Cook, habría sido otto lilienthal, habría ido con Amelia Earhart y habríamos sabido qué le pasó. Pero bueno, le tocó nacer en otra época, existir en un mundo en el que supuestamente puedes ver la superficie del planeta entero en tu computadora vía Google maps, en esa aparente accesibilidad y en esa aparente saturación de información, él todavía encuentra cosas, lugares maravillas, claro, todo es inventado, pero todo se encuentra en el mero meollo de lo que aparentemente es más cotidiano y aburrido.

¿Cuáles fueron los detonadores de este personaje y de estas historias?

Horacio Kustos viene desde tiempo atrás, yo ya había escrito de él desde hace mucho tiempo un poco reaccionando ante aquel hartazgo, aquel nihilismo que surgía desde los años 90 y en el cual seguimos hasta ahora, ante esta actitud desencantada, aburrida, que acaba siendo de un enorme conformismo, que en ciertos momentos de los últimos 10 años parecía incluso invencible pero que ahora quizás resulte que no es tanta y eso me da confianza.

¿Allí está el gran valor de la imaginación?

Este personaje y estas historias me ayudan a continuar algo que me importa mucho en mi trabajo, que es afirmar el valor de la imaginación, no únicamente como alternativa de entretenimiento, lo que me parece válido, sino como ayuda para la existencia, sobre todo en una cultura como la nuestra, que se asume muy conformista ante cierta idea de la realidad que nos viene dada.

Me parece que personajes como Kustos y como otros exploradores raros que tenemos en la literatura mexicana nos pueden servir para sacudirnos un poco esas telarañas de la cabeza, como para mirar la realidad de otra manera.

En una época en la cual lo que tenemos ante los ojos aprendemos a verlo con desgano, con desdén, hay que revitalizar la imaginación, hay que recuperar la posibilidad de ver las cosas con ese asombro que nos producen en ciertas épocas de la vida y épocas de la historia.

¿Seguir los pasos de este explorador es un reto y un hallazgo en tu literatura?

Creo que este libro como colección de historias es el más homogéneo que he hecho, el más intrincado y el más trabajado; desde Grey, en 2006, no había tenido un libro que exigiera la intención de tener una unidad tan clara y tan potente. Por supuesto que me costó muchísimo trabajo también, varias de las historias fueron reescritas en más de una ocasión y la forma de ir viendo cómo se hablaban estos textos entre sí, también implicó mucha exigencia.

¿Qué te ha dado Kustos?

Me ha brindado más de un dolor de cabeza para acabar de contar sus historias adecuadamente, pero por otra parte me ha dado muchas satisfacciones, han aparecido cuentos por ahí, están sus experimentos virtuales en Twitter y tumblr, pero hasta ahora se publica el libro. Como escritor me ha dado la posibilidad de experimentar y llevar más lejos lo que hago de muchas formas; muchas de las historias de El último explorador, fue también una hechura muy abierta a experimentar y a buscar temas y formas distintas.

domingo, 18 de marzo de 2012

Los 45 de Cien años de soledad

Luis Rafael Sánchez
(Publicado en: La Jornada Semanal)


I

Gabriel García Márquez.
Foto: Guillermo Angulo
Guardo la primera edición de Cien años de soledadcomo oro en paño. La compré en Madrid el mes de septiembre del mil novecientos sesenta y siete. Pagué 185 pesetas, lo indica, a lápiz, la página siguiente a la portada –5 dólares y 25 centavos al cambio de entonces, más o menos 35 pesetas por dólar. Bajo la indicación del precio se adhiere un papelito que avisa: Librería Fernando Fé. Sol, 14- Madrid. Todavía el monosílabo fe llevaba acento ortográfico. La portadilla acredita el autor, el título y la firma editora, Sudamericana.
La portada recoge tres motivos insoslayables de la novela. La maraña selvática que ciñe a Macondo. Un galeón. Tres astromelias o tres nomeolvides: sólo un botánico podrá arbitrar de cuál flor se trata. Trescientas cincuentiún páginas después, el colofón avisa que Cien años de soledadse terminó de imprimir el treinta de mayo del año mil novecientos sesenta y siete, en los talleres gráficos de la Compañía Impresora Argentina, SA, Calle Alsina número 2049, Buenos Aires.
El nombre del autor me era conocido. En junio de ’63, ya aprobados los cursos conducentes a la Maestría en Artes y Ciencias de la Universidad de Nueva York, tomé unos adicionales en la Universidad de Columbia, Las novelas de Miguel de Unamuno y Nueva Narrativa Hispanoamericana. Recuerdo al profesor de ambos, el paraguayo Hugo Rodríguez Alcalá. Sobra decir que el curso sobre Unamuno incluía su obra novelística completa. El curso dedicado a la nueva narrativa hispanoamericana, dadas las fechas en que se ofreció, incluía El coronel no tiene quien le escriba.

II
El entusiasmo producido por El coronel no tiene quien le escriba, cuatro años antes, me empujó a devorar Cien años de soledad armado con un bolígrafo. Desde luego, son textos y texturas diferentes. La trama lineal de la primera contrasta con la trama zigzagueante de la segunda. Y la nómina escasa de personajes de la primera contrasta con el nutrido registro demográfico que instituye la segunda. Aparte de que la extensión de la primera, novela apretada como un puño e hilvanada con una prosa de ecos telegráficos, se desemeja en extensión de la segunda, novela oceánica y de horizonte incircunscrito, por la que navegan personajes vivos, personajes muertos y personajes vivos en tránsito voluntarioso hacia la celestialidad, por ejemplo Remedios la bella.
Pero el genio y el magisterio del autor se constatan a cada vuelta de página de ambas novelas. Ya sea una sutileza a propósito de la condición humana, tan lozana que apabulla descubrirla. Ya sea una mirada, de calado hondo, a las fatigas del tiempo. Ya sea un giro verbal, cuya irrupción en un párrafo alcanza el carácter de un acontecimiento. Ya sea la factura regia de unos personajes atascados en la esperanza ilusa, ésa que la gran poeta mexicana Juana Inés de la Cruz tacha de “diuturna enfermedad” y el gran poeta puertorriqueño Pedro Flores tacha de “flor de desconsuelo”.

III
A pesar de las tangencias enumeradas y las otras ennumerables, a pesar de que El coronel no tiene quien le escriba es una gran novela de formato breve, cuyos escrupulosos tiento y aliento la hermanan con las prodigiosas Muerte en Venecia y El extranjero, fue Cien años de soledad la obra que consagró a Gabriel García Márquez como escritor universal. Modelo de una escritura que se afianza en la página sin el menor esfuerzo, como resultas de un empecinado control narrativo, infalible hasta en los usos de la coma y el punto, en Cien años de soledad todo se vuelve inauguración, novedad, génesis. En concordancia, varios pasajes identifican a los Buendía, el clan protagonista de la novela, como seres primerizos. La primeridad los marca. A unos con una cruz de ceniza en la frente, a otros con una cruz de rencor en el alma, a otros con unas ganas atrabiliarias de alejarse de Macondo en busca de prosperidad, a otros con unas ganas irracionales de asentarse en Macondo por siempre.

El Gabo posa con una edición de Cien años de soledad en la cabeza
No extrañe, entonces, que Macondo, lugar donde transcurre la acción, se percibiera, enseguida, como una alegoría desgarrada del continente americano. Y que el apodo del autor, Gabo, sirviera de agua bautismal a la estética literaria emanante de su obra, el gabismo. 

Dicha estética, que algunos prefieren llamar macondismo, junta y mezcla hasta la indistinción, la realidad y la fantasía, la extravagancia y el descabellamiento, los personajes carentes de la mínima introspección y los personajes embarcados en la abstracción a ultranza: el clan Buendía, acoge de todo, como la botica.
De la consagración se encargó la crítica especializada. Que no le regateó encomios a la saga de los Buendía, adjudicándole parentescos linajudos, hasta innecesarios algunos por bombásticos. La emparentaron con Las mil y una noches. La emparentaron con la Biblia y su sucesión de tribus y descendencias interconectadas. La emparentaron con las crónicas de Indias y con el asombro incesante del europeo ante la maravilla encontrada. De la consagración se encargó, sobre todo, la masa innúmera de leedores, de siempre entusiasmada por devorar historias novedosas, historias capaces de poner a prueba sus certidumbres tercas y el arte superior del sujeto que las cuenta.

IV
Al fin y al cabo el cuento no es el cuento, el cuento es quien lo cuenta. Y quien lo cuenta ha de saber encapsularlo en un decir riguroso, hecho de voz, de ritmo y de mirada. Sobre todo de mirada. No hay gran escritor si no hay mirada implacable a la realidad, esa danzarina falsa de los siete velos. No hay gran escritor si dicha mirada no halla la palabra capaz de registrarla.
También explica el éxito consagratorio de Cien años de soledad, la vertiginosa sucesión de miradas ahondadoras que recopila y la franqueza prosística que las ensarta. Una prosa en posesión de un secreto candente, si bien sospechándose desde la primera oración: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.” Y es tal secreto candente que, a lo largo de Cien años de soledad la poesía se asume como sombra sonora de la prosa.
Efecto seguido de ambas consagraciones, la puesta en marcha por la crítica especializada y la puesta en marcha por los leedores comunes y corrientes, fueron la traducción de Cien años de soledad a todas las lenguas y el desatamiento de un interés febril por la escritura anterior del colombiano. Cuentos, novelas y artículos periodísticos tuvieron la segunda oportunidad sobre la Tierra, que no tuvieron las estirpes condenadas a cien años de soledad. Incluso, la literatura pareció rebanarse en dos hemisferios irreconciliables, la hispanoamericana en particular: antes de Macondo y después de Macondo. Docenas de escritores se macondizaron por una temporada larga; otros, para siempre. Como si los hubiera victimizado una fiebre semejante a las varias que estragaron a los macondenses: la fiebre del insomnio, la fiebre del olvido, la fiebre del banano.

V
El verbo devorar me agrada a más no poder. Significa una cosa, pero sugiere otras, entre ellas el hambre que se mitiga a puro desorden, la imposibilidad de detenerse a saborear y la boca llena. El verbo devorar está hecho de prisa y frenesí, razón para el favor que le apartan los amantes, luego de transformarlo en verbo imperativo y súplica dulzona: “Devórame otra vez.”

Primera edición de Cien años de soledad, editorial Sudamericana, 1967
Dije en el fragmento segundo que devoré Cien años de soledad armado con un bolígrafo, presto a subrayar cuantos pasajes encandilaran mi imaginación, desde aquel en el principio, donde se notician las consecuencias trágicas del pantalón de castidad que viste Úrsula Iguarán a la hora de dormir, hasta aquel en las páginas últimas donde se noticia “la última madrugada de Macondo”. Sin embargo, entre el uno y el otro se hicieron subrayables tantos pasajes, tantos fulgores creativos se continuaron revelando, que cesé de subrayar. Pues la novela no tenía un tramo ajeno al hechizo, ese estado de satisfacción, con apariencia de sobrenaturalidad, que suscitan muy escasos amores y muy escasas obras de arte.
Los admiradores de Gardel aseguran, si bien ya pasados setenta y seis años de la tragedia en Medellín: “Carlitos está cantando mejor que nunca.” Los admiradores de Cien años de soledad aseguramos, hechizados por un fulgor narrativo acabado de hallar, pues se nos escapó en la segunda, la tercera, la cuarta lectura: “Endemoniada novela, hoy está más chula que ayer.”   

La segunda, la tercera, la cuarta lectura las hice en sucesivas ediciones, compradas en Puerto Rico, Nueva York, Berlín. Porque la primera, comprada en la madrileña librería Fernando Fé el mes de septiembre del mil novecientos sesenta y siete, descansa en el fondo de un baúl con llave, envuelta en paño, como el oro. Más de una noche de ronda por los abismos del insomnio, libro el libro de la prisión que ocupa en el baúl. Entonces, revestido el corazón por una costra de egoísmo, avanzo a besuquear la maraña selvática, el galeón, las tres astromelias o nomeolvides y susurro, entrecerrando los dientes y apretándolos: “Soy tu dueño.”

Share

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites